Nuestro cerebro es un detector de amenazas. En su interior se encuentran dos estructuras llamadas ¨amígdalas¨ que escanean permanentemente nuestro entrono en búsqueda de peligro. La amígdala derecha escanea rostros, mientras que la izquierda escanea voces o sonidos que pudieran desencadenar la respuesta conocida como de ¨ataque o huida¨. Teniendo una misma estructura de respuesta, no a todas las personas nos estresan las mismas situaciones.

Según al Neurocientífica Sonia Lupien de la Universidad de Montreal, para que una situación se considere estresante debe cumplir con una o varias de las siguientes características:
1. Novedad
2. Imprevisibilidad
3. Sensación de NO control
4. Amenaza a nuestra personalidad o cuestionar nuestra capacidad
Cuantos más puntos se den de estos cuatro puntos, mayor será el grado de estrés alcanzado por la persona. En general no se sabe muy bien que es el estrés. Solemos definir el estrés como la presión que se genera por falta de tiempo, sentirnos desbordados, exigidos mentalmente, atravesar situaciones difíciles, etc., sin embargo es mucho más que esto. En verdad el problema del estrés no está en la reacción que provoca, sino el tiempo que lo mantenemos. Veamos como funciona.
Al detectarse una situación de peligro, comienzan a funcionar neuronas que activan la rama simpática del sistema neurovegetativo produciendo la liberación de adrenalina, al mismo tiempo que se estimulan glándulas que liberan corticotropina. También se impulsa la secreción de cortisol, indicándole a nuestro páncreas que produzca insulina y la libere en sangre para que la glucosa ingrese en los músculos. De este modo, nuestro cuerpo está preparado y con energía suficiente para huir o atacar, mecanismos que pudieron serles muy útiles a nuestros antepasados, pero poco aplicables al mundo moderno. Toda esta reacción se puede desencadenar en 125 milisegundos, o sea, medio parpadeo, y es igualmente generada por un peligro real, un susto, una amenaza o simplemente un atasco en el tráfico.
El problema del estrés es que cuando el peligro es real, es situacional, o sea tiene un inicio, un pico máximo y el proceso se desacelera hasta volver a la normalidad. Los escenarios actuales que estimulan la liberación de cortisol pueden durar horas o días. El problema con esto, es que nuestro cuerpo no está preparado para mantener continuamente la respuesta de lucha o huida. Esto puede ser muy peligroso para nuestra salud y que puede llevar a un estrés crónico. Esto puede ocasionar distintas afecciones como por ejemplo: insomnio, problemas alimenticios, gastritis, migrañas, diabetes, hipertensión, trombosis, problemas cardíacos; y también disfunciones emocionales que afectan la vida de las personas.
Si queremos aprender a controlar el estrés, primero debemos entenderlo.

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Tipos de estrés

Absoluto: Implica una amenaza real a nuestra supervivencia.
Relativo: Situaciones nuevas. Situaciones que no controlamos, impredecibles.
Como vemos según esta clasificación, no nos encontramos en nuestra vida cotidiana con muchas situaciones con características de estrés absoluto; sin embargo estamos permanentemente expuestos a situaciones nuevas, impredecibles y que no controlamos. Todo lo nuevo nos representa una amenaza dado que a nuestro cerebro le encanta lo conocido, porque en ese ámbito nos puede defender, puede salvar nuestra vida. Cuando una situación es nueva nos exige una respuesta neural diferente, una gran atención sostenida para poder prestar atención a los detalles; esto implica un gran consumo de glucosa y oxigeno. En las organizaciones cuando hay situaciones de incertidumbre, reestructuraciones, fusiones, etc.; muchas personas viven en un estado de estrés permanente. Esto ocasiona sin duda que el cerebro este a la defensiva o en posición de ataque, pero de ninguna manera se puede esperar concentración, atención o alto desempeño.

Hasta aquí entendemos que no podemos vivir sin estrés, ya que esta respuesta es necesaria para situaciones en las que realmente nuestra supervivencia esta en peligro Sin embargo la vida actual puede inducirnos a alcanzar un estado de estrés crónico. ¿Como podemos saber si estamos atravesando estrés crónico?
Según los neurocientíficos cuando el estrés comienza a cronificarse, presenta los siguientes síntomas:
Fase 1: produce problemas de digestión y dolor abdominal
Fase 2: Se produce mayor consumo de ciertas sustancias como: alcohol, cigarrillos, dulces, comidas, antidepresivos, sustancias tóxicas, etc.
Fase 3: Se comienzan a enfrentar problemas de memoria, cambios de personalidad, y mucha irritabilidad.

Curiosamente las personas se vuelven más resistentes a las situaciones que generan el estrés, parecieran tener en control la situación, sin embargo hay muy poca tolerancia al resto de las cosas. Son personas excesivamente reactivas a los demás.  Ahora sabemos que nuestro cerebro es muy plástico, y que podemos aprender , cambiar y modificar comportamientos durante toda nuestra vida. Si bien mantener la calma y el control de las situaciones no es un rasgo innato, dado que no hemos recibido educación sobre cómo controlar nuestro cerebro emocional, es una habilidad que sin duda cualquiera podemos aprender.

 

Que podemos hacer para aprender a controlar el estrés

Siempre que queramos controlar algo, lo primero que debemos saber es entender de que se trata. Cuanto más sepamos sobre cómo se desencadena la respuesta del estrés en nuestro cuerpo, mayores serán nuestra opciones de poder regular esa respuesta.
Resumiendo todo lo dicho hasta aquí como ya sabemos, cuando la amígdala interpreta una situación como amenaza, el cerebro secreta hormonas que le indican al sistema nervioso que esté preparado para
tomar medidas drásticas. Esto implica tomarse las cosas enserio; la respiración se vuelve corta y rápida, se inundan los músculos con sangre, la visión periférica se va y comienza a entrar la desesperación y el estrés. Los pensamientos se atropellan ya que la sangre se retira de los lóbulos prefrontales, es por esta razón que nos cuesta articular respuestas adecuadas cuando estamos bajo estos efectos.
Lo que debemos hacer en estos casos, si es que en realidad NO estamos frente a un león que nos va a comer, es practicar lo siguiente:

  1. Pedir disculpas y alejarnos de la persona que desencadenó la situación. Es muy importante cortar el contacto visual con el objeto de nuestro enojo; sea persona, mail, noticia, etc.
  2.  Empezar a regular el ritmo de la respiración, volverla más lenta, tomar respiraciones muy profundas y contar hasta 10 antes de exhalar, esto hará que nuestro sistema nervioso se relaje.
  3.  Contar has 10 o más, antes de volver a enfrentar la situación

Para volver a controlar una situación es importante, irrumpir el ciclo descripto anteriormente, para esto las técnicas 1, 2 y 3.
La amígdala además de activar nuestra respuesta de amenaza, también es la parte del cerebro donde se procesa la memoria, se interpretan las emociones y donde se pueden tomar decisiones de manera visceral – nada recomendado-.

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También contamos con otras técnicas diferentes, que pueden ser :

  1. Analizar la situación y etiquetar las emociones que sentimos. Técnica sugerida por Jon Parlett, pionero en el uso de la neurociencia en la formación de líderes. Esta técnica funciona dado que creamos una sensación de control y debemos utilizar nuestros lóbulos prefrontales. Estos son los únicos capaces de poner fin al impulso irrefrenable de nuestros instintos, y regular finalmente nuestra conducta.
  2. Contar de 3 en 3 hasta 100, o hacer mentalmente la lista de las cosas que tenemos en nuestro placar, o de las compras que debemos hacer.

Estos ejercicios sumados a los descriptos anteriormente, hacen no solo que nos relajemos sino que recuperemos el dominio de nosotros mismos.
El control del cerebro instintivo es necesario, para tener respuestas adecuadas a nuestra vida moderna. Es una habilidad que debemos desarrollar porque sin duda nos convierte en personas más eficientes, y aumenta nuestra capacidad de disfrutar y controlar el flujo natural de reacciones que tenemos durante el día”.
Para terminar y para mantener un grado de estrés saludable, estos consejos son muy importante:

  1. Escuchar música que lleve a estados emocionales placenteros.
  2. Hacer ejercicio físico por una hora todos los días.
  3. Realizar actividades creativas.
  4. Dedicar tiempo a charlar con amigos.
  5. En algunos momentos del día, levantarse de la silla y hacer movimientos para disminuir la tensión acumulada.
  6. Estar en ambientes que nos contacten con luz natural.
  7. Sentirnos bien con nosotros mismos.
  8. Estar con personas que realmente queremos estar.
  9. Respetar nuestros sentimientos y los de los demás.
  10. Leer y aprender cosas nuevas.

 

Fuente: Entrevista a Sonia Lupien Universidad de Montreal

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