Con frecuencia en las organizaciones se asciende a Jefe al ejecutivo que tienen un excelente desempeño en su rol.  Es el tipo de persona que se destaca por su funcionamiento neurocognitivo (en términos de neurociencias), esto significa que sobresale por sus funciones ejecutivas que incluyen:

  1.  Planificación
  2. Organización de la información
  3. Atención dividida (tiene habilidad para manejar varias cosas al mismo tiempo)
  4. Amplitud en su memoria de trabajo (puede mantener en mente la información necesaria para un desempeño eficaz)
  5. Detección de errores y
  6. Automonitoreo, entre otras

Sin embargo, al tiempo que se convierte en Jefe cae la performance del área y de las personas del equipo, y surge la pregunta ¿qué pasó?

Muchas veces las personas tienen dificultades para manejar sus emociones y lograr el compromiso de los miembros del equipo de trabajo.

Tener éxito en la conducción de personas requiere de un tipo de habilidades diferentes, a las necesarias para realizar el trabajo operativo. Entre otras están:

  1. Motivarnos a nosotros mismos (no anticipar fracasos)
  2. Perseverar ante frustraciones (no rumiar preocupaciones)
  3. Atribuir adecuadamente éxitos y fracasos
  4. Anticipar consecuencias del comportamiento
  5. Reaccionar con eficacia ante situaciones novedosas (no evitarlas)
  6. Controlar impulsos
  7. Solucionar problemas (no actuar precipitadamente)
  8. Esperar para alcanzar premios (no ser impacientes)
  9. Regular estados de ánimo (no dejar que se desborden)
  10. Empatizar
  11. Establecer y mantener amistades
  12. Confiar en los demás y
  13. Asumir compromisos (no ser irresponsables ni autosuficientes).

ID-10038966Si estas habilidades no están desarrolladas en el nuevo Jefe esto puede traerle cambios comportamentales y físicos como: irritabilidad, falta de sentido del humor, pérdida de memoria (el alto nivel de cortisol daña conexiones entre neuronas), cansancio permanente, dolores de cabeza, nerviosismo, intranquilidad, entre otros.

Todos estos factores afectan el clima laboral del equipo y en consecuencia disminuye el desempeño general.

Por esta razón, el desarrollo de inteligencia emocional debe ocupar una parte prioritaria en los programas de formación en gestión organizacional.

La mayoría de las empresas ya ha comenzado a plantearse la importancia de la competencia emocional y social; así como el costo de su incapacidad en los Líderes que la componen.

 

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